Marcha zombie cumple 19 años y promete movilizar a miles en la CDMX
La llamada Marcha Zombie llega a su decimonoveno aniversario en 2026 con la promesa de reunir a miles de personas en las calles de la Ciudad de México. Según los organizadores, el evento —que mezcla performance, protesta y colecta— pretende repetir o superar la cifra solidaria del año pasado: 22 mil toneladas de alimentos donados para causas sociales.
La convocatoria, que desde su origen ha jugado con la estética del cine de terror y la crítica social, vuelve a encender debates sobre la utilidad pública de los grandes eventos ciudadanos. Por un lado, la colecta masiva ha mostrado su potencial para apoyar a organizaciones de asistencia alimentaria; por otro, evidencia la necesidad de transparencia en la recepción y distribución de esas donaciones.
Organizadores de la Marcha Zombie aseguran que el objetivo es combinar fiesta y solidaridad, y que este 2026 habrá zonas de acopio y brigadas de voluntariado. La Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México (SSC) y la Secretaría de Cultura de la CDMX han sido mencionadas como interlocutores en la logística, aunque hasta la hora de cierre de esta nota no se habían detallado públicamente todos los itinerarios ni los puntos exactos de acopio.
Más allá del folclor, la Marcha plantea riesgos y responsabilidades: congestión vial, limpieza urbana, seguridad de los asistentes y posibles alteraciones al comercio local. La capacidad de las autoridades para anticipar y mitigar estos efectos será clave. En ediciones anteriores, la coordinación entre organizadores y cuerpos de seguridad ha sido irregular; por eso resulta razonable pedir protocolos claros y auditorías sobre el destino de lo recaudado.
En términos de salud pública, expertos consultados en ediciones previas recomendaron cuidados básicos: uso responsable de maquillaje y adhesivos, evitar materiales que obstruyan la respiración, no llevar a menores de edad sin supervisión y contar con puestos de primeros auxilios. La participación masiva en eventos replicables en otras ciudades obliga a que la SSC y la Secretaría de Salud capitalina publiquen recomendaciones concretas para asistentes y transeúntes.
La movilización también toca fibras cívicas. Para muchas organizaciones sociales la Marcha Zombie funciona como un canal de visibilidad y recursos; para vecinos y comerciantes, puede ser fuente de molestias económicas temporales. Un enfoque equilibrado sería que las autoridades faciliten espacios de diálogo previos al evento, acuerdos sobre limpieza y compensaciones por afectaciones comprobadas, y mecanismos para que las organizaciones receptoras rindan cuentas.
Desde el punto de vista ambiental, la megafiesta exige acciones: reducción de residuos plásticos, planes de manejo de desechos y brigadas de limpieza financiadas por los organizadores o por convenios con la Alcaldía. El espectáculo de cartón y sangre falsa no debería dejar una factura real para la ciudad.
Si piensas asistir, toma precauciones prácticas: infórmate sobre los puntos oficiales de acopio anunciados por los organizadores, planifica rutas alternas al transporte público y lleva identificación y elementos básicos de hidratación. Si prefieres colaborar sin exponerte a multitudes, considera donar directamente a bancos de alimentos y asociaciones registradas que operen todo el año.
La Marcha Zombie 2026 promete ser una fiesta y una prueba para la ciudad. Que la solidaridad no se trunque en espectáculo ni la seguridad se sacrifique por la foto. Que las autoridades —en especial la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México— y los organizadores den información puntual, transparente y verificable sobre logística y destino de las donaciones. Solo así la marcha podrá sostener su carácter lúdico y transformador sin dejar de rendir cuentas a la ciudadanía.
