El Niño y el calor: hasta 451.000 muertes extra, alerta la Universidad de Chicago
El próximo episodio de El Niño podría traducirse en una factura humana enorme: hasta 451.000 muertes adicionales relacionadas con el calor entre junio de 2026 y febrero de 2027, según proyecciones del Climate Impact Lab de la Universidad de Chicago. Ese cálculo, que aún espera revisión por pares, prende una luz roja sobre cómo los fenómenos climáticos amplificados por el calentamiento global terminan golpeando primero y más duro a los países en desarrollo.
Los modelos del Climate Impact Lab combinan registros históricos de temperatura, mortalidad y vulnerabilidad social. El resultado es una fotografía cruda: olas de calor más intensas y frecuentes, poblaciones sin acceso a sistemas de refrigeración, hospitales al límite y trabajadores expuestos sin protección. No se trata sólo de números, sino de vidas que se pierden en barrios sin árboles, en faenas al sol y en hospitales con recursos escasos.
La ciencia climática, incluida la comunidad del IPCC, sostiene que El Niño por sí mismo altera patrones meteorológicos, pero lo que hoy preocupa es la suma: El Niño sobre una atmósfera más caliente por las emisiones humanas. Esa combinación multiplica riesgos. Organizaciones como la Organización Mundial de la Salud ya han advertido sobre el aumento de la mortalidad por calor y la necesidad de planes de acción por el calor.
Hay soluciones que funcionan y ejemplos concretos. La ciudad de Ahmedabad, en India, implementó un plan de acción contra el calor que incluyó alertas tempranas, centros de enfriamiento y capacitación sanitaria, y logró reducir muertes vinculadas al calor. Eso demuestra que la prevención salva vidas y que la inversión en adaptación no es gasto, es seguro social.
Pero aquí entra la política: muchos gobiernos siguen demorando medidas clave —sistemas de alerta, regulación laboral para proteger a quienes trabajan al aire libre, ampliación de sombras y espacios verdes y financiamiento para la refrigeración accesible—. Mientras, la carga recae en los sectores más vulnerables. Es una especie de impuesto climático regresivo.
Ante la posible ola de muertes proyectada por el Climate Impact Lab, la respuesta debe ser doble: mitigar emisiones para reducir la intensidad de futuros eventos y acelerar políticas de adaptación que protejan ahora a la gente. Los fondos internacionales, la cooperación técnica y el liderazgo local deben coordinarse para que no haya comunidades condenadas por falta de medidas sencillas pero efectivas.
La cifra de 451.000 es una advertencia. Si las instituciones toman en serio las lecciones de la ciencia y priorizan la protección social, muchas de esas muertes podrán evitarse. Si no, el calor de El Niño será otra vez un juez implacable que sentencie a quienes menos responsabilidad tienen en causar el problema.
Fuente: Climate Impact Lab, Universidad de Chicago; Organización Mundial de la Salud; reportes del IPCC y experiencias urbanas como el plan de Ahmedabad.
