Onu bajo asedio: guerra, inteligencia artificial y clima acorralan a los líderes

En nueva york, la 81ª Asamblea General abrió con advertencias, promesas y poca respuesta concreta a problemas que ya baten a la población

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas abrió su 81ª sesión en Nueva York entre reclamos de acción inmediata sobre los conflictos armados, la regulación de la inteligencia artificial y la crisis climática. Desde la sala de discursos hasta las calles, la sensación es la de una institución a la que le crecen los problemas y se le acorta el tiempo para resolverlos. Así lo cuenta nuestra corresponsal Mamen Sala desde Nueva York.

En el estrado, mandatarios y delegados alternaron discursos grandilocuentes con afirmaciones polémicas. Donald Trump reafirmó que «EE. UU. es el país más poderoso» y aseguró que «no ha entrado ningún inmigrante indocumentado bajo su mandato», una versión que choca con datos y denuncias de organizaciones como ACNUR y Amnistía Internacional sobre flujo migratorio y vulneraciones en fronteras. La declaración, recogida por corresponsales en la sede de la ONU, alimentó el debate sobre responsabilidades y verificación de datos en la esfera pública.

La guerra volvió a ser el primer tema. Conflictos prolongados —desde la invasión de Ucrania hasta la guerra entre Israel y Hamas y otras crisis regionales— mantienen a millones en desplazamiento, hambre y precariedad. El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió en su intervención sobre el coste humano y la erosión del derecho internacional, según informaron fuentes de la propia organización. Las decisiones que se tomen, o no, marcarán la vida cotidiana de familias que viven con miedo, con menos servicios básicos y con mercados locales al alza por la incertidumbre geopolítica.

La inteligencia artificial irrumpió como un tema transversal: no es ya solo una cuestión técnica, sino una política pública que afecta empleo, privacidad y seguridad. Delegaciones exigieron marcos regulatorios internacionales para evitar el uso de sistemas autónomos en armas, la desinformación masiva y la concentración de poder en unas pocas empresas tecnológicas. Expertos citados por la ONU y ONG tecnológicas reclamaron estándares vinculantes; en los pasillos, delegados insistían en la necesidad de proteger derechos laborales y democráticos frente a la automatización.

En materia climática, la urgencia fue palpable. El Observatorio del clima y el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) han venido advirtiendo que la ventana para limitar el calentamiento a niveles soportables se estrecha. En la Asamblea, países en primera línea —Pequeños Estados Insulares y naciones del Sahel— exigieron compromisos financieros y planes de adaptación reales. Para millones de personas, esto no es una abstracción: fenómenos extremos significan cosechas perdidas, migraciones internas y pérdidas de hogares.

La combinación de guerra, IA y clima crea una tormenta perfecta. Son tres ámbitos que se retroalimentan: los conflictos impiden respuestas climáticas y humanitarias; la pobreza y la desigualdad aumentadas por el cambio climático facilitan la radicalización; y la IA, sin reglas, puede amplificar propaganda y socavar la gobernanza. En otras palabras, las políticas públicas que hoy se discuten en la ONU tienen efectos directos sobre el empleo, la salud y la seguridad de las personas comunes.

Los discursos, sin embargo, no bastan. Organizaciones de la sociedad civil presentes en Nueva York reclamaron medidas concretas: financiamiento climático con condiciones claras, límites internacionales a armas autónomas, protocolos de migración con enfoque de derechos y mayor transparencia en el uso de algoritmos que afectan servicios públicos. Fuentes consultadas por nuestra corresponsal Mamen Sala subrayaron la brecha entre las palabras y la implementación.

Desde un enfoque crítico pero constructivo, la comunidad internacional enfrenta ahora la tarea de traducir advertencias en políticas verificables y en recursos que lleguen a quienes más lo necesitan. La Asamblea puede ser el foro; lo que está en juego es si esas decisiones se traducen en cambios reales en las calles, en los hospitales y en los empleos.

En Nueva York, la presión aumenta. La pregunta que queda para gobiernos y ciudadanía es simple: ¿habrá liderazgo con medidas concretas o seguiremos escuchando discursos que no cambian la vida de la mayoría? Nuestra corresponsal Mamen Sala alerta que el tiempo se agota y que la respuesta, más que retórica, exige compromisos medibles y controlables por la sociedad civil y por los medios.

Con información e imágenes de: France 24