Unam cumple 475 años: autonomía, logros y deudas que no caben en un brindis

Rector: la autonomía, la educación pública y el gobierno colegiado han sostenido a la universidad. La pregunta es qué tan preparadas están esas virtudes para los retos de hoy.

La Universidad Nacional Autónoma de México celebra 475 años desde sus orígenes en 1551, recuerda el archivo histórico de la UNAM, y lo hace con un discurso institucional centrado en tres pilares: autonomía, educación superior pública y gobierno colegiado. Así lo señaló el rector en un comunicado de la propia UNAM, donde se reivindicó el papel de la casa de estudios como puente entre el conocimiento y la sociedad.

Es un balance con sabor a doble filo. Por un lado, la autonomía ha permitido resistir presiones políticas y cultivar investigación crítica, arte y cultura que no suelen prosperar en manos del mercado. La UNAM alberga hospitales, museos, laboratorios y proyectos comunitarios; su radio y su revista son ejemplos de ese tejido social que no se mide solo en matrícula.

Pero la autonomía no es invulnerable ni eterna si no va acompañada de recursos y rendición de cuentas. Consultas con estudiantes, académicos y trabajadores muestran una realidad menos celebratoria: precariedad laboral de personal académico, infraestructura que demanda mantenimiento y procesos de decisión que a veces se quedan en círculos internos alejados de la urgencia social. Según la UNAM y su Archivo Histórico, esas tensiones han sido históricas; hoy se combinan con mayor demanda educativa y limitaciones presupuestales.

La educación pública superior ha sido un colchón para la movilidad social. No obstante, ese colchón tiene hoy agujeros: cupos insuficientes, tiempos de espera para plazas, y programas de apoyo social que requieren ampliación. El gobierno colegiado —esa forma de tomar decisiones en asambleas y consejos— protege la pluralidad, pero también puede diluir responsabilidades y retrasar respuestas cuando se necesita actuar con rapidez.

En palabras de una profesora entrevistada en Ciudad Universitaria, «la UNAM sigue siendo faro, pero a veces el faro está rodeado de polvo; hace falta inversión, transparencia y prioridades claras». Esa frase resume el clivaje: reconocimiento de logros, pero exigencia de correcciones.

Desde una mirada crítica de centro-izquierda, celebrar 475 años no es sólo recordar glorias; es exigir que la universidad renueve su contrato social. Implica empujar al Estado a garantizar presupuesto suficiente, mejorar las condiciones laborales del personal académico y administrativo, ampliar el acceso sin sacrificar calidad, y modernizar mecanismos de gobierno para que la autonomía no sea sinónimo de opacidad.

La UNAM puede y debe seguir siendo motor de justicia social: formación inclusiva, investigación relevante para la salud pública, el medio ambiente y la igualdad, y vínculo real con comunidades marginadas. Para lograrlo hacen falta decisiones políticas y voluntad interna, no solo discursos conmemorativos.

La fuente principal de estas reflexiones son los comunicados y archivos de la propia UNAM y las voces de la comunidad universitaria consultada. Celebrar 475 años es una oportunidad para convertir elogios en planes claros y compromisos verificables: de eso dependerá que la universidad siga siendo patrimonio colectivo y no solo una tarjeta postal histórica.

Con información e imágenes de: Heraldodemexico.com.mx