Chichén itzá prepara el descenso de la serpiente solar en el equinoccio

El juego de luces y sombras que dibuja la famosa «serpiente» en la escalinata de El Castillo volverá a reunir a miles de personas en Chichén Itzá en el próximo equinoccio. Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la UNESCO, el fenómeno —producto de la alineación solar y la precisión constructiva maya— ocurre cada año durante los equinoccios de primavera y otoño, cuando el sol parece acariciar las graderías y formar el cuerpo ondulante que desciende hasta la base de la pirámide.

Para la población local y para muchos visitantes, el espectáculo es una lección de tiempo y cultura: una demostración de saberes astronómicos que sobrevivieron siglos. Al mismo tiempo, plantea dilemas prácticos y políticos. El sitio, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, recibe un pico de visitantes esos días, lo que alimenta la economía turística de Yucatán pero también acelera el desgaste, genera aglomeraciones y tensiona la capacidad de servicios públicos, como recuerda el propio INAH en sus comunicados.

Es importante saber que desde 2006 está prohibido subir a la pirámide por razones de conservación, una medida impulsada por el INAH y apoyada por especialistas. Las autoridades estatales y la Secretaría de Cultura han implementado controles de acceso y coordinación con guías locales, pero los residentes y prestadores de servicios señalan que la distribución de los beneficios no siempre llega de forma equitativa a las comunidades cercanas. La presión turística también trae problemas cotidianos: basura, venta informal fuera del marco regulado y tensión por el estacionamiento y la infraestructura.

Si planeas asistir, ten en cuenta recomendaciones prácticas. Compra tus entradas con antelación si está disponible la venta anticipada; respeta las señalizaciones y las áreas cerradas; sigue las indicaciones de los guías autorizados y lleva agua, protección solar y ropa cómoda. Llegar temprano ayuda a evitar aglomeraciones y a sostener una experiencia más segura y respetuosa del sitio, tal como lo pide el INAH.

La discusión pública debe ir más allá del asombro: cómo conservar un patrimonio que genera riqueza sin sacrificar la integridad arqueológica ni marginalizar a la población local. La UNESCO y el INAH han propuesto planes de manejo y vigilancia, pero hacerlos efectivos requiere presupuesto, transparencia y participación comunitaria. Iniciativas de turismo responsable y cooperativas de guías locales muestran caminos posibles, aunque su escala aún es limitada.

El equinoccio en Chichén Itzá es una oportunidad para aprender y disfrutar, pero también una prueba de cómo gestionamos lo común. Si se quiere que futuras generaciones sigan viendo la serpiente descender, hace falta equilibrar espectáculo y conservación, turismo y derechos comunitarios. Así lo plantean expertos, autoridades y guías locales, y así debería exigirlo la ciudadanía.

Fuentes: INAH, UNESCO y autoridades estatales de Yucatán.

Con información e imágenes de: informador.mx