Moscú denuncia oleada de más de diez ataques a la central nuclear de Zaporiyia y acusa a un país europeo por la muerte de dos militares

Moscú asegura que la instalación, donde se entrena personal para actividades atómicas, sufrió repetidos ataques sin víctimas en el propio recinto; la comunidad internacional reclama investigaciones y acceso independiente

El Ministerio de Defensa ruso informó este miércoles, a través de la agencia TASS y RIA Novosti, que la central nuclear de Zaporiyia fue blanco de «más de diez» ataques en las últimas horas. Según el comunicado citado por esos medios, no se han registrado víctimas en las instalaciones donde Rusia dice formar a su personal en actividades atómicas, pero que dos militares murieron en un ataque contra camiones de combustible del que Moscú culpa a un país europeo no identificado en los mensajes oficiales.

Estas acusaciones llegan en un contexto de alta tensión sobre la seguridad del mayor complejo nuclear de Europa. La Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA) y el operador ucraniano, Energoatom, han venido advirtiendo desde hace meses sobre los riesgos de incidentes derivados de los combates y de la presencia de equipamiento militar en las inmediaciones de la planta. La IAEA ha pedido en repetidas ocasiones que se garantice la protección de la instalación y que se permita el acceso de sus expertos para evaluar condiciones y evitar errores que podrían tener consecuencias civiles graves.

Desde un punto de vista práctico, cualquier escalada o daño en la central repercute en la vida cotidiana: interrupciones en el suministro eléctrico, evacuaciones preventivas, miedo en las comunidades cercanas y un aumento del costo político para gobiernos e instituciones que no ofrezcan claridad. Si las acusaciones de Moscú son ciertas, el conflicto estaría amplificando un riesgo radiológico que trasciende la frontera y exige mecanismos de verificación imparciales.

Por su parte, fuentes ucranianas consultadas por agencias internacionales han negado en ocasiones previas responsabilidad directa por ataques a instalaciones nucleares y han responsabilizado a las fuerzas rusas por situar material militar cerca de reactores. La situación, en consecuencia, presenta versiones enfrentadas y hace aún más urgente una investigación independiente y creíble que involucre a la IAEA y a organismos internacionales como la ONU, según analistas citados por Reuters y otras agencias.

Un foco permanente del debate es la opacidad de las comunicaciones militares y la facilidad con que se pueden manipular relatos en tiempos de guerra. Nuestro papel como sociedad es exigir pruebas, acceso y responsabilidad: la seguridad nuclear no admite zonas grises. Energoatom, la IAEA y Naciones Unidas deben poder desplegar verificación sin trabas para proteger a la población y a las generaciones futuras.

La comunidad internacional observa. Mientras tanto, las personas que viven en la región —trabajadores, familias y comunidades— reclaman certezas sobre su seguridad y el mantenimiento de servicios básicos. La política pública pertinente debe traducirse en medidas concretas: corredores humanitarios claros, supervisión técnica internacional y sanciones efectivas contra violaciones comprobadas de la seguridad nuclear, coinciden expertos consultados por la Agencia EFE.

Con información e imágenes de: Latinus