Tormenta deja miles sin vuelo en el aicm; 48 itinerarios cancelados
El aeropuerto capitalino informó que alrededor de las 18:30 una tormenta eléctrica obligó a varias aerolíneas a suspender operaciones; pasajeros denunciaron horas de espera y confusión
Una tormenta eléctrica provocó el caos vespertino en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), que a las 18:30 informó que, por seguridad, algunas aerolíneas detuvieron despegues y aterrizajes. El saldo oficial: 48 itinerarios cancelados y «miles» de pasajeros afectados, según el propio AICM.
La paralización, que se prolongó varias horas por la persistencia de actividad eléctrica en la zona, dejó escenas habituales en crisis aeroportuarias: filas en mostradores, familias con conexiones perdidas y pasajeros en busca de información. Usuarios en redes sociales relataron que hubo falta de comunicación oportuna en algunos casos, y que las opciones de reubicación o reembolso tardaron en concretarse.
Que una tormenta detenga decenas de vuelos no es en sí una sorpresa; la seguridad aérea lo exige. Lo preocupante es la falta de protocolos claros y probados para minimizar el impacto social y económico. El AICM confirmó las cancelaciones, pero no detalló en un primer balance cuántos pasajeros quedaron sin alternativa inmediata ni cómo se coordinó la atención a los viajeros más vulnerables, como quienes debían llegar a tratamientos médicos o tenían conexiones internacionales cerradas.
En la práctica, las consecuencias son tangibles: jornadas laborales perdidas, familias separadas, gastos extra por noche de hotel y transporte y una cascada de reclamos que recae sobre los pasajeros. Las aerolíneas suelen ofrecer cambios sin cargo o reembolsos, pero la implementación es desigual y depende de la disponibilidad de plazas en vuelos posteriores. Aquí, la autoridad aeroportuaria y las aerolíneas comparten responsabilidad.
Este episodio vuelve a poner sobre la mesa dos urgencias de política pública: mejorar la comunicación entre el AICM, las aerolíneas y los usuarios durante emergencias meteorológicas, y diseñar mecanismos de protección efectiva al pasajero que no dejen todo a la discrecionalidad comercial. Invertir en sistemas de alerta, planear protocolos de atención y garantizar puntos de asistencia en terminales no es un lujo, es parte del servicio público que pagan millones de viajes.
También es momento de preguntar cómo las autoridades de movilidad y protección civil integran las lecciones de cada evento climático para reducir afectaciones en el futuro. La frecuencia de fenómenos extremos exige no solo medidas reactivas, sino planificación urbana y aeroportuaria que considere infraestructura resistente y procedimientos ágiles.
El AICM es la fuente oficial de las cifras iniciales y, en los próximos días, estarán pendientes los reportes finales de aerolíneas y autoridades para cuantificar el número exacto de pasajeros afectados y evaluar la respuesta institucional. Mientras tanto, a los viajeros les queda la recomendación básica: confirmar el estado de su vuelo con la aerolínea antes de salir y conservar comprobantes para cualquier reclamo.
Si bien la seguridad aérea no es negociable, la gestión durante la crisis sí lo es. Y allí es donde el AICM y las aerolíneas tienen que demostrar que sus protocolos protegen a las personas, no sólo a las aeronaves.
