Un mes después del sismo, Colombia entre la promesa de reconstrucción y las casas que siguen en ruinas

Tras 30 días del terremoto que, según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), dejó 331 muertos y devastó cientos de miles de viviendas en Valle del Cauca, Chocó y Risaralda, la urgencia inmediata dio paso a planes públicos de reconstrucción. Pero la promesa no siempre ha llegado a quienes la necesitan. En los municipios afectados, la reconstrucción es todavía un mapa con más huecos que rutas seguras.

En barrios de Cali y municipios rurales de Risaralda, familias cuentan que durmieron un mes bajo carpas o en casas de familiares. “Nos dijeron que habría subsidios y soluciones rápidas, pero no hemos visto nada concreto”, dice una vecina que prefirió omitir su nombre. Organizaciones humanitarias como la Cruz Roja Colombiana destacan en terreno la brecha entre la logística de emergencia y la entrega efectiva de ayudas.

El Gobierno, por su parte, presentó un plan de reconstrucción coordinado por el Ministerio de Vivienda con la UNGRD y el Servicio Geológico Colombiano, que incluye subsidios, rehabilitación de infraestructura y revisiones sísmicas. Sin embargo, autoridades locales y líderes comunitarios señalan fallas en la comunicación, criterios de priorización confusos y burocracia que ralentiza la atención. Para muchos hogares con daños estructurales, la promesa de una vivienda segura sigue siendo una esperanza lejana.

La crítica no es solo sobre tiempos: también es sobre prioridades. Mientras se anuncian grandes líneas de crédito y obras de reconstrucción, vecinos denuncian que aún faltan ayudas básicas: agua potable, acceso a atención médica y apoyo psicológico para niños y adultos que perdieron todo. ONG locales y líderes sociales insisten en que la reconstrucción no puede ser solo levantar paredes; debe incluir reparación social, empleo y garantías contra futuras tragedias.

Datos del Servicio Geológico Colombiano confirman que la zona permanecerá en riesgo sísmico elevado, lo que vuelve urgente que las nuevas viviendas cumplan estándares antisísmicos y que la inversión pública priorice a las comunidades más vulnerables. Expertos consultados por varios medios, incluido El Tiempo, advierten que recortes presupuestales o atajos técnicos terminarán costando vidas y recursos a largo plazo.

Hay avances: brigadas médicas y escuelas temporales han permitido que muchos niños vuelvan a clases y que emergencias sanitarias no se conviertan en epidemias. Pero el paso de la emergencia a la reconstrucción revela el talón de Aquiles del Estado: capacidad de anunciar medidas que no siempre se traducen en materialización rápida sobre el terreno.

Si la reconstrucción va a ser una oportunidad para reducir inequidades, como plantean líderes sociales y organizaciones civiles, hará falta transparencia en los recursos, vigilancia ciudadana y participación directa de las comunidades en la toma de decisiones. La pregunta que queda para las autoridades es clara: ¿será la reconstrucción una suma de obras visibles o un proceso que realmente devuelva seguridad, dignidad y futuro a quienes perdieron todo?

En los próximos días, la UNGRD y el Ministerio de Vivienda han prometido publicar cronogramas detallados y listados de beneficiarios. La ciudadanía y las organizaciones locales estarán atentas. La reconstrucción no puede esperar a que la memoria del país sea reemplazada por otra noticia.

Con información e imágenes de: France 24