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Crisis educativa en México: tres de cada diez jóvenes no alcanzan lo básico en matemáticas

La prueba PISA 2025, aplicada por la OCDE, puso en blanco y negro una realidad que muchos intuyen pero pocos quieren enfrentar: solo el 30% de los estudiantes mexicanos de 15 años alcanzan el nivel mínimo de competencia en matemáticas.

Ese dato, reportado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), no es una cifra fría: es un indicador del futuro que se le está ofreciendo a una generación. Cuando uno de cada tres jóvenes entiende y resuelve problemas matemáticos básicos, el resto enfrenta mayores dificultades para manejar dinero, entender contratos, aprovechar oportunidades laborales o tomar decisiones informadas sobre su salud y su comunidad.

Detrás del número hay desigualdades que la evidencia repite: brechas entre zonas urbanas y rurales, entre escuelas con recursos y las que carecen de infraestructura básica, y entre estudiantes de familias con distinto nivel socioeconómico. La OCDE señala que en México la diferencia de resultados entre el 10% más favorecido y el 10% más desfavorecido es amplia, lo que convierte al sistema educativo en un amplificador de desigualdad en vez de un mecanismo de movilidad.

La Secretaría de Educación Pública (SEP) enfrenta la urgencia de responder con políticas que no sean parches. Mejorar la formación docente, garantizar materiales y espacios de aprendizaje adecuados, y ampliar la inversión en la primera infancia son medidas necesarias. Sin embargo, esas propuestas llevan años en el debate público sin traducirse en cambios sostenidos y evaluables.

La falta de una política pública coherente se parece a construir un puente con pilares agrietados: se puede transitar hoy, pero el costo futuro en vidas y oportunidades será mayor. Además, las reformas que se anuncian y deshacen según cambios de gobierno generan inestabilidad y desvían recursos que podrían usarse para mejorar la enseñanza básica y media.

Hay señales de avance en algunos rincones: programas locales que ofrecen tutorías, innovación pedagógica en escuelas comunitarias y organizaciones civiles que hacen labor de acompañamiento. Pero esos esfuerzos tienden a ser fragmentados y dependen de voluntades y donaciones, no de una estrategia nacional integrada. La OCDE subraya que sin reducir la desigualdad socioeconómica y mejorar la equidad en la educación, cualquier mejora será parcial y lenta.

El mundo laboral también reclama respuestas. En una economía cada vez más digital y competitiva, la falta de competencias básicas en matemáticas limita el acceso a empleos formales bien remunerados y empuja a muchos jóvenes hacia trabajos informales con menor protección social. Es una factura que paga la sociedad entera en términos de productividad y bienestar.

¿Qué hacer? La evidencia internacional apunta a varias prioridades: invertir temprano en la educación infantil, focalizar recursos en las escuelas más rezagadas, mejorar la formación y el acompañamiento docente, y establecer mecanismos de evaluación independientes y transparentes. Ninguna de estas medidas es mágica, pero juntas pueden empezar a cerrar la brecha que PISA acaba de exponer.

La ciudadanía tiene un papel clave: exigir rendición de cuentas, participar en consejos escolares, y apoyar propuestas que prioricen la equidad educativa. Si la política pública falla, no es sólo un problema técnico; es una decisión sobre qué tipo de país queremos. La OCDE nos dio el diagnóstico. Ahora corresponde a autoridades, docentes, familias y sociedad civil convertir esa advertencia en un plan con plazos, recursos y seguimiento.

Fuente: OCDE (PISA 2025) y análisis de impacto social sobre la educación en México. Información adicional sobre el papel de la SEP en la implementación de políticas educativas.

Con información e imágenes de: Reforma