Laura itzel al frente de la secretaría de las mujeres: continuidad y retos para paibim, tejedoras de la patria y centros libre
La nueva titular resaltó su trayectoria en la defensa de los derechos de las mujeres y pidió dar continuidad a programas como PAIBIM, Tejedoras de la Patria y Centros LIBRE, según un comunicado de la Secretaría de las Mujeres.
La llegada de Laura Itzel a la Secretaría de las Mujeres, reportada por la propia Secretaría y seguida por medios como La Jornada, reaviva expectativas entre beneficiarias y activistas: por un lado, promesas de continuidad de programas sociales; por otro, dudas sobre presupuesto, implementación y fiscalización.
PAIBIM, Tejedoras de la Patria y Centros LIBRE no son sólo nombres en un catálogo institucional. PAIBIM asume apoyos integrales que impactan en la economía doméstica; Tejedoras de la Patria promueve la autonomía económica de mujeres artesanas y rurales; y los Centros LIBRE buscan atención especializada para sobrevivientes de violencia. Si estos programas funcionan, significan ingresos, acompañamiento y protección en el día a día de miles de mujeres. Si fallan, se traducen en rutas de atención fragmentadas, trámites que revictimizan y recursos que no llegan.
La nueva secretaria destacó su trayectoria en la defensa de los derechos de las mujeres, un antecedente que activistas valoran en la medida en que se traduzca en decisiones concretas, no sólo en discursos. En entrevista institucional citada por la Secretaría de las Mujeres, Itzel insistió en la importancia de mantener las líneas de apoyo existentes; sin embargo, la continuidad administrativa no garantiza resultados sin un blindaje presupuestal y mecanismos claros de evaluación, advierten especialistas y grupos civiles.
Un problema recurrente en políticas públicas de género es la brecha entre la intención y la ejecución. En la práctica, programas que nacen bien pierden fuerza por insuficiencia presupuestal, falta de personal capacitado o por la ausencia de indicadores sensibles al enfoque de género. La Jornada ha documentado recortes y reasignaciones en rubros sociales en administraciones pasadas; por eso la principal prueba para Itzel será traducir promesas en cifras, protocolos y supervisión ciudadana.
Otro desafío es la coordinación entre niveles de gobierno. Atención a la violencia, servicios de salud sexual y reproductiva, y programas de empleo para mujeres requieren sinergia entre dependencias federales, estatales y municipales. Sin esa coordinación, los Centros LIBRE pueden quedar aislados, PAIBIM no servir a las mujeres más vulnerables, y los apoyos a tejedoras seguirán siendo puntuales en lugar de transformadores.
Las organizaciones feministas y colectivos locales han señalado que la Secretaría debe priorizar transparencia y participación. Auditorías periódicas, padrón público de beneficiarias (con las salvaguardas de privacidad necesarias), y espacios de rendición de cuentas con defensoras y colectivas serían medidas concretas para evitar desviaciones. La Secretaría de las Mujeres y organismos independientes deben acordar indicadores claros para medir impacto: cuántas mujeres salieron de la situación de violencia, cuánto mejoró su ingreso y si hubo reducción de la revictimización institucional.
En lo inmediato, habrá que ver dos cosas: la asignación presupuestal en el paquete económico, y las primeras decisiones operativas de la titular. Si la apuesta es dar continuidad, la Secretaría tendrá que publicar metas, timelines y responsables. Si no, los programas podrían convertirse en vasos comunicantes que sólo alimentan discursos sin tocar la vida cotidiana de las mujeres.
El reto de fondo es político y administrativo: transformar la retórica en servicios efectivos. Como recuerda la propia historia reciente, una política pública bien diseñada puede ser una red que amortigüe la caída; una mal implementada, puede ser otro escalón por el que la mayoría de las mujeres no puede subir. La ciudadanía y las organizaciones estarán atentas: la promesa de continuidad necesita pruebas y transparencia, no solo palabras.
Fuentes: Secretaría de las Mujeres; La Jornada.
