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Huachicol fiscal sigue golpeando al erario: al menos 10 afectaciones diarias, alerta ANAM

El huachicol fiscal —la sustracción y la evasión vinculada a combustibles que evita pagar impuestos y derechos— continúa siendo una sangría para las finanzas públicas. Según reportes de la Asociación Nacional de Municipios (ANAM), sus operativos detectan y atienden, en promedio, al menos 10 casos diarios relacionados con fraudes fiscales en combustibles. Esa cifra no es un dato administrativo: es dinero que deja de llegar a escuelas, hospitales y obras locales.

La mecánica es conocida y cambiante: desde estaciones clandestinas que venden producto sin comprobantes hasta esquemas de facturación falsa, tráfico transfronterizo con subdeclaración de volúmenes y manipulaciones en los permisos. Fuentes oficiales consultadas por este medio, entre ellas la ANAM y datos de la Secretaría de Hacienda y del SAT, hablan de un problema que combina crimen organizado, vacíos regulatorios y complicidad ocasional de actores dentro de la cadena de distribución.

El impacto es tangible. Cuando el erario pierde ingresos por este tipo de prácticas, las partidas para servicios básicos se reducen; las municipalidades ven menguada su capacidad de mantenimiento de calles, recolección de basura o programas sociales. Es como tener un balde con un agujero: por más que se viertan recursos, parte del agua se va por debajo y la comunidad paga la factura.

El gobierno ha reaccionado con inspecciones, clausuras y operativos conjuntos con Pemex, el SAT y la Fiscalía. ANAM destaca que su trabajo evita decenas de operaciones fraudulentas cada semana, pero también admite que hay límites: capacidad de auditoría insuficiente, procesos judiciales lentos y obstáculos en la trazabilidad del combustible. Es decir, se detiene la fuga, pero no siempre se seca la fuente.

Desde una perspectiva práctica y ciudadana hay medidas que podrían reforzarse rápido: fortalecer la facturación electrónica y el cruce de datos entre aduanas, estaciones y distribuidores; implementar monitoreo en tiempo real de transportes y almacenamientos; y garantizar protección para denunciantes. También es urgente elevar la coordinación entre instancias federales, estatales y municipales para cerrar las ventanas de impunidad.

La pelea contra el huachicol fiscal no es solo técnica: es política y social. Requiere voluntad para sancionar a quienes se benefician ilegalmente y para diseñar controles que no ahoguen al pequeño comerciante pero que sí impidan a las redes criminales devorar recursos públicos. ANAM y las autoridades han logrado frenar episodios, pero la prensa, la sociedad y los gobiernos locales deben exigir rendición de cuentas y herramientas que devuelvan al erario lo que le corresponde a la ciudadanía.

Fuentes: ANAM, Secretaría de Hacienda y SAT.

Con información e imágenes de: Reforma