Tribunal Superior de Justicia: Rosalba Guerrero desafía a Rafael Guerra y promete no reelegirse

Previo a la renovación del Tribunal Superior de Justicia de la CDMX, para este noviembre, la magistrada Rosalba Guerrero habla de su proyecto, de los problemas que podría heredar y de los errores que, a su parecer, cometió Rafael Guerra, quien busca su segunda reelección.

En un momento crucial para la justicia en la capital del país, la figura de la magistrada Rosalba Guerrero emerge con una propuesta clara y un compromiso que busca marcar la diferencia: no buscará la reelección si llega a la presidencia del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México. Esta declaración no es menor, pues representa un desafío directo a la narrativa de continuidad que, se percibe, promueve el actual presidente, Rafael Guerra, quien aspira a un tercer mandato al frente de la institución.

Una promesa de cambio en el tribunal

La promesa de la magistrada Guerrero de limitar su periodo a una sola gestión no es un mero detalle; es una declaración de principios que busca atajar la concentración de poder y fomentar un liderazgo que priorice el proyecto institucional sobre las ambiciones personales. En sus palabras, un solo periodo permite enfocarse plenamente en las reformas necesarias sin la distracción de futuras campañas o el desgaste de prolongar un mismo estilo de administración. Es una forma de garantizar que la silla presidencial no se convierta en un fin en sí misma, sino en una herramienta para transformar y modernizar el sistema de justicia.

La visión de Guerrero para el TSJCDMX se centra en pilares como la transparencia, la independencia judicial y una mayor cercanía con la ciudadanía. Señala que el tribunal debe ser un garante de justicia accesible y expedita para todos, sin importar su condición social. Critica que, en administraciones pasadas, incluida la actual de Rafael Guerra, ha habido una falta de atención en la simplificación de procesos que realmente beneficien al ciudadano de a pie, así como una resistencia a abrir las puertas del tribunal para una rendición de cuentas más efectiva. Habla de la necesidad de «oxigenar» la institución, de traer nuevas ideas y de revitalizar la confianza pública en el poder judicial.

Los retos del tribunal y la visión de la magistrada

Los problemas que el Tribunal Superior de Justicia enfrenta son profundos y complejos. Van desde el rezago en miles de expedientes que esperan resolución, la lentitud burocrática, hasta la percepción pública de opacidad y, en ocasiones, de injerencia externa. Guerrero enfatiza que la modernización tecnológica no es solo digitalizar papeles, sino transformar la cultura laboral y hacer que la justicia sea más ágil y comprensible. Pone el foco en la capacitación constante del personal, desde los jueces hasta el personal administrativo, para que cada proceso esté orientado a resolver de manera eficiente la vida de las personas.

En contraste, Rafael Guerra ha defendido su gestión resaltando avances en la digitalización y la infraestructura. Sus defensores argumentan que la continuidad es fundamental para consolidar los proyectos ya iniciados y evitar retrocesos. Sin embargo, para la magistrada Guerrero, los avances deben ser tangibles en la experiencia del ciudadano que busca justicia, no solo en estadísticas internas. La apuesta de Guerrero es por una presidencia que no solo administre, sino que lidere una transformación profunda, escuchando activamente a los magistrados, jueces, y sobre todo, a los usuarios del sistema.

El impacto para los ciudadanos

La elección de quien presidirá el Tribunal Superior de Justicia no es un asunto meramente interno de los pasillos judiciales. Tiene un impacto directo y cotidiano en la vida de millones de habitantes de la Ciudad de México. De esta elección depende qué tan rápido se resuelva un litigio familiar, qué tan transparente sea el proceso en un caso de fraude, o qué tan confiable se sienta la población al acudir a los tribunales. Un tribunal eficiente, transparente e independiente es un pilar fundamental para el bienestar social y la estabilidad jurídica de cualquier sociedad.

La propuesta de Rosalba Guerrero de una gestión limitada a un solo periodo busca precisamente eso: que el presidente en turno se concentre en sentar bases sólidas para el futuro de la institución, sin la presión de una siguiente elección. Es un llamado a la responsabilidad y a la construcción de un legado que trascienda a la persona, pensando en el fortalecimiento institucional. La decisión final recaerá en el voto de los magistrados, pero el debate ya está puesto sobre la mesa, con una propuesta que desafía lo establecido y promete un horizonte diferente para la impartición de justicia en la capital.

Con información e imágenes de: Proceso.com.mx