Evergrande tiembla: Xu Jiayin condenado a cadena perpetua y el grupo recibe multa millonaria

La condena del fundador marca el cierre judicial de la mayor quiebra inmobiliaria de China, pero deja preguntas abiertas sobre el costo social y las reformas necesarias.

El magnate Xu Jiayin, fundador del gigante inmobiliario Evergrande, fue condenado a cadena perpetua por cargos de fraude financiero y sobornos, y la corte ordenó la confiscación de sus bienes además de imponer al grupo una multa superior a 2.000 millones de dólares, según informó la agencia estatal Xinhua. Reuters y otros medios corroboran que con este fallo se da por concluido el frente judicial de la mayor bancarrota del sector inmobiliario chino en años recientes.

Los datos disponibles recuerdan por qué el caso conmocionó a la economía: Evergrande arrastró una deuda colosal que, según reportes de Reuters, llegó a sumar cientos de miles de millones de dólares en pasivos en su punto más crítico. El veredicto contra Xu resuelve una pieza importante del rompecabezas legal, pero no borra el impacto humano que la caída del grupo dejó a su paso.

Para millones de compradores de vivienda, trabajadores de la construcción y proveedores, la quiebra se tradujo en proyectos paralizados, salarios y pagos pendientes y ahorros en riesgo. En barrios donde Evergrande tenía proyectos en curso, las fachadas y grúas son símbolos de promesas incumplidas que ahora esperan el remiendo de políticas públicas y mecanismos de protección social.

El fallo también obliga a mirar hacia las responsabilidades institucionales. La crisis inmobiliaria no fue solo culpa de ejecutivos: la regulación financiera, la supervisión a entidades con apalancamiento extremo y las políticas de fomento de la propiedad requieren una revisión crítica. Las medidas de desapalancamiento impulsadas por Pekín en años recientes buscaban frenar riesgos sistémicos, pero terminaron dejando expuestos a hogares y pequeñas empresas cuando colapsaron actores clave del sector.

Desde una perspectiva de centro-izquierda, el caso pide dos prioridades claras: primero, reparación y protección para las víctimas —compradores, trabajadores y acreedores minoritarios— mediante fondos públicos con control ciudadano y auditorías independientes; segundo, reformas regulatorias que limiten el riesgo sistémico y fortalezcan la transparencia en la financiación inmobiliaria. Como advierte el debate en medios como Financial Times y en análisis económicos citados por Reuters, la solución debe combinar responsabilidad penal con políticas que reduzcan la especulación y amplíen alternativas de vivienda asequible.

La sentencia a Xu Jiayin simboliza un cierre judicial, pero no funciona como cura automática. Las autoridades pueden usarla para enviar un mensaje de mano dura contra la corrupción, como reflejan los comunicados de Xinhua, pero si se ignoran las demandas sociales y las fallas regulatorias, el resultado será sólo un parche sobre problemas estructurales.

Queda en manos de legisladores, reguladores y sociedad civil transformar la lección en cambios concretos: mayor protección al consumidor, supervisión financiera efectiva y políticas de vivienda que prioricen el bienestar colectivo por encima del beneficio rápido. Sin eso, la historia de Evergrande habrá sido un castigo individual sin garantizar que familias y comunidades no vuelvan a pagar la factura.

Fuente: Xinhua y Reuters.

Con información e imágenes de: France 24