Destitución de Kevin Lamour sacude a la FIFA y complica reelección de Infantino

Ginebra. La salida del director de operaciones de la FIFA, Kevin Lamour, tras denunciar un plan para vender parte de los derechos comerciales del Mundial a inversores privados, ha desatado una crisis institucional que pone en jaque la credibilidad del organismo y la reelección de Gianni Infantino. La versión oficial y la denuncia de Lamour chocan en el centro de una polémica que, según la FIFA y reportes de Reuters, exige respuestas claras sobre transparencia y control democrático.

Lamour, hasta ahora responsable operativo clave en la casa del fútbol mundial, aseguró en círculos internos haber advertido que la propuesta de Infantino —abrir paquetes de derechos a capital privado— pondría en riesgo tanto la integridad de las competiciones como el acceso público a los partidos. Fuentes consultadas por Reuters y documentos internos a los que este diario tuvo acceso señalan que el ejecutivo advirtió también que sus críticas podían costarle el puesto. Semanas después fue destituido.

La explicación oficial de la FIFA, contenida en un comunicado, atribuye la salida a una reestructuración interna y niega que existiera represalia por discrepancias sobre la estrategia comercial. Sin embargo, la contundencia de la acusación de Lamour y la cercanía temporal entre su advertencia y su despido han encendido las alarmas entre federaciones nacionales y actores del deporte.

Vender derechos comerciales, explicado con claridad, equivale a traspasar una de las principales palancas económicas del fútbol a inversores que buscan retornos financieros. Eso puede significar menos control por parte de las asociaciones, presión para maximizar ingresos a costa del interés público y cambios en la accesibilidad de transmisiones y entradas. Es, en palabras sencillas, como hipotecar el patrimonio común para obtener liquidez inmediata.

Los críticos recuerdan hechos recientes de la industria: acuerdos con capital privado en otras confederaciones han generado polémica por cláusulas opacas y beneficios desigualmente repartidos. Para asociaciones de menores ingresos, la venta de derechos puede reducir su capacidad de negociación y aumentar su dependencia de intermediarios financieros. Ese impacto redistributivo choca con la idea de un deporte accesible y con fines de desarrollo social que la FIFA suele proclamar.

Desde la perspectiva política, la destitución abre una grieta en la estrategia de Infantino. La reelección del presidente depende hoy más que nunca de la percepción de buena gobernanza. Si una voz interna que advierte riesgos sobre el negocio fue silenciada, la narrativa de fortaleza y eficiencia pierde brillo y alimenta la sospecha de decisiones tomadas lejos de la supervisión de las federaciones.

Miembros de algunas asociaciones consultadas por Reuters piden una auditoría independiente y la intervención del comité de ética de la FIFA. Exigir claridad no es solo una disputa técnica: es una demanda por transparencia que afecta a millones de aficionados, a las ligas nacionales y a proyectos sociales financiados con ingresos del fútbol.

Infantino, por su parte, tendrá que responder con hechos. La institución puede optar por detallar los términos del plan, someter cualquier acuerdo a votación de federaciones y publicar evaluaciones de impacto. No hacerlo equivale a trasladar decisiones estratégicas a despachos donde priman incentivos financieros sobre el interés público, una receta para que el fútbol se convierta en un bien más del mercado y menos en un bien común.

En este pulso hay intereses importantes: patrocinadores, emisoras, clubes y fondos de inversión observan con atención. La pregunta central, sin embargo, es simple y ciudadana: ¿a quién pertenece el fútbol? Si la FIFA permite la venta de sus “joyas” comerciales sin controles robustos, el resultado será menos transparencia y menos equidad en la distribución de recursos.

Las próximas semanas serán decisivas. Si la organización opta por la transparencia y convoca a auditorías externas, puede amortiguar la crisis. Si permite que el caso se diluya sin explicaciones, el costo político para Infantino en la carrera por la reelección aumentará. Al final, la crisis no es solo interna; repercute en la vida cotidiana de aficionados, familias que compran entradas y comunidades que reciben fondos de programas deportivos.

Este periódico seguirá investigando y publicará más detalles conforme se conozcan nuevos documentos y testimonios, con base en las declaraciones de la FIFA y los reportes de Reuters que han señalado la existencia de tensiones internas alrededor de la estrategia comercial.

Con información e imágenes de: France 24